Texto del catálogo
Figuras
Las
pinturas sobre papel que realicé este año se agrupan en diversas series. No
comienzan pensadas como tales, sino que el mismo proceso de pintar genera el
estímulo para la aparición de otra nueva imagen, y así sucesivamente, hasta que
algún accidente (el aburrimiento, una distracción, otro estímulo, o un salto
conceptual) hace que la serie se interrumpa, o termine. A veces, las series se
relacionan entre sí (más allá de la técnica: pintura acrílica sobre papel) por alguna
temática o idea. En muchos casos son conexiones que, aunque puedan parecer
evidentes, encuentro posteriormente. Eso sucedió en esta ocasión. No fue sino
hasta haber pintado la mayoría de las obras que me di cuenta de que estaba
retomando el tema de las distorsiones corporales que había tratado con mis
“acróbatas”. Haciendo lo mismo de otra forma, pero también obteniendo otros
resultados con los mismos procedimientos.
En
2016, escribiendo sobre mis acróbatas
para el catálogo de una muestra, mencioné que Homero los designaba con la antigua
palabra griega kubistéteres, los que
ruedan como dados (κύβος). Amparándome en esa imagen decía entonces que
mis acróbatas ejecutaban movimientos basados en el arte, pero también en la
suerte, en lo aleatorio (alea se
llamaban los dados en latín). De esa forma estaban vinculados, como apunta
Laura Casanovas en una nota, “con un destino imposible de controlar”. Si las
“figuras” de esta muestra son las sucesoras de aquellos acróbatas, entonces el
destino ha desembocado en catástrofe.
La
etimología de esta palabra señala que proviene del latín catastropha, y este del griego katastrophe
"un vuelco; un final repentino", de katastrephein (volcar, voltear, pisotear, llegar a un final),
compuesto por kata (hacia abajo,
hacia el fin) y strephein (girar).
Los griegos empleaban el término para referirse al último momento de una obra
teatral. Ese momento, luego de la anagnórisis, cuando el destino del héroe se
da vuelta, sucede el “revés de fortuna”, el infortunio.
La
preceptiva clásica dividía la tragedia en cuatro partes: prótasis, epítasis,
catástasis y catástrofe. La última es el anticlímax que sigue al clímax de la
catástasis, un final que debe sorprender al espectador. Implica, como dijimos,
la inversión de la fortuna, la peripecia
(Aristóteles, en su Poética señala que peripetia
es la inversión de las cosas en su sentido contrario). La catástrofe es el punto de inflexión fatal en la trama. El desastre,
la caída. Los cuerpos, que en la serie de los acróbatas buscaban adaptarse a
las circunstancias mediante sus contorsiones, ahora sucumben a las convulsiones
de la catástrofe. El último rodar de dados. (“avant de s'arrêter / à quelque point dernier qui le sacre”).
Pero
eso no es lo que estas pequeñas pinturas representan,
es simplemente una asociación de ideas que hago ahora. En todo caso, es lo que las
pinturas me dan pie para pensar, pero no algo que ellas ilustren. Porque ellas, las pinturas, no son más que el resultado del
pincel haciendo garabatos sobre un papel, arrastrando la pintura fluida, jugando
con los colores, configurando el caos. Y generando unas figuras que parecen
estar volviendo a la materia indiferenciada de la cual, por un momento,
salieron.
La
serie se contrapone y se complementa con un par de obras sobre tela, en las que
la pintura, al cambiar de medio, se mueve de otra forma. Son figuras más
definidas y estables, aunque también en ellas hay insinuación de movimiento.
Provienen de otra serie, aún no exhibida. Esas imágenes aparecieron, como
cuadros ficticios, en una serie de pequeñas pinturas llamada “cuadros sobre una
pared” y decidí ahora sacarlas de la virtualidad.
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